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Viveros comunitarios, aliados para restaurar los páramos de Colombia

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 16 de junio de 2021

Viveros comunitarios, aliados para restaurar los páramos de Colombia




Las bolsas deben llenarse antes de realizar el trasplante para asegurar que las plantas no duren mucho tiempo por fuera de la tierra. Foto: Ledy Trujillo


  • •  En cinco páramos del país, las comunidades locales se han encargado de propagar y sembrar especies de plantas nativas para después utilizarlas en procesos de restauración ecológica en sus ecosistemas de alta montaña.
  • •  Viveros de páramos para la restauración ecológica es una herramienta de consulta para la propagación de estas especies vegetales.
  • •  En esta nueva publicación encontrará los pasos para diseñar e implementar un vivero de páramo y lograr la propagación de plantas adecuadas para este territorio.


Cuando los páramos son sometidos a procesos de degradación continuos es necesario intervenir para acelerar o iniciar el proceso de recuperación. Una de las estrategias para la restauración de los ecosistemas es la revegetalización mediante la siembra de plantas que permitan restablecer la funcionalidad y los servicios que presta el páramo como la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono del suelo, entre otros. Este manejo de la vegetación requiere de la propagación de plantas nativas, a través de lo que se conoce como viveros.

Los viveros son el lugar adecuado para propagar, multiplicar y lograr que las plantas que serán usadas en el proceso de siembra, se adapten y sobrevivan durante los primeros meses o años de crecimiento antes de ser llevadas al lugar en donde se plantarán definitivamente. Aunque pareciera que un vivero es fácil de mantener, estos deben ser creados pensando en las condiciones ambientales de su entorno y en las especies de plantas que requiere un proceso de restauración. Las plantas de alta montaña crecen muy lento debido a las bajas temperaturas, por lo que el tiempo transcurrido desde la germinación de las semillas hasta tener una plántula puede ser entre uno y cuatro años.

La implementación de acciones de restauración ecológica contribuye a la disminución de los efectos ocasionados por disturbios en el páramo como la ganadería, la agricultura, las plantaciones forestales de pino y eucalipto, así como la colonización de especies invasoras y la minería.

En las pasadas décadas se ha evidenciado la necesidad de desarrollar proyectos de restauración ecológica cada vez más integrales en donde se involucren viveros principalmente de plantas nativas de la alta montaña. Es por esto que el Instituto Humboldt por medio del Proyecto Páramos: Biodiversidad y Recursos Hídricos en los Andes del Norte financiado por la Unión Europea presenta la publicación Viveros de páramo para la restauración ecológica.


Plántula de Retrophyllum rospigliosii creciendo en un sustrato de cascarilla de arroz.
Foto: Ledy Trujillo. Archivo: Bosques & Semillas.


“Este libro es una construcción de conocimiento a través del intercambio de saberes entre investigadores y viveristas comunitarios, en el que se aborda el paso a paso a la hora de poner en marcha un vivero de alta montaña”, aseguró Patricia Velasco-Linares, directora de Bosques & Semillas y autora principal del libro.

Además, es una herramienta de consulta para los habitantes de los páramos, estudiantes, profesionales e investigadores enfocados a la propagación de especies nativas, con el objeto de mejorar las practicas de reproducción de plantas de alta montaña necesarias para la restauración de este ecosistema.

El Proyecto antes mencionado ha impulsado la labor de los viveristas comunitarios que, además de ser líderes locales en la protección de sus territorios y el mantenimiento de los servicios ecosistémicos, son emprendedores que lideran viveros de alta montaña como alternativa económica. Aquí compartimos algunas de sus historias:

Algunos rostros de la restauración ecológica de los páramos


Mireya Pérez

Vivero Guardianes de la Montaña, Batallón de Alta Montaña Nro. 2. Ejército Nacional, vereda Tobal, municipio El Espino, Boyacá.

El interés de Mireya por el viverismo nace de la curiosidad de saber cómo germinar frailejones. Pronto se convirtió en una pasión y en un camino de formación constante. Los cursos de viverismo tomados en el Proyecto Páramos cambiaron su perspectiva en relación con las actividades que venía desarrollando en el vivero.
Actualmente, quiere incursionar en los negocios verdes, estableciendo una red de viveros al interior del departamento de Boyacá enfocados en la propagación de especies vegetales de páramo.

Andrés Ospina

Vivero Asogrigan, vereda La Nevera, municipio de Palmira, Valle del Cauca.

La curiosidad de Andrés lo llevó a interesarse por aprender sobre las plantas frutales de clima frío y así empezar a ensayar la propagación. “Comenzamos con uchuvas y papayuelas. Pero también me interesaba conocer la mayor variedad de plantas posible, que pudieran servir de alimento para las personas, sobre todo en una región donde ya nadie siembra nada”. Luego, y con el espacio del vivero, empezó a hacer ensayos de propagación de plantas del bosque y del páramo, prestando atención a las especies y sus ciclos de reproducción.

Al ver que era posible propagar plantas del bosque, y dada la demanda de insumos para proyectos de restauración, vio una oportunidad para generar empleo remunerado pero, además, un espacio para reconocer el territorio y compartir experiencias con otros interesados.

Sus expectativas se centran en la propagación y cultivo de la diversidad de plantas del páramo y el bosque alto andino, para que puedan tener uso alimenticio, medicinal, forestal y estético. Además, se propone transformar dos hectáreas de potreros en un ecosistema que incluya una composición de plantas seleccionadas, para entender mejor el proceso de desarrollo en condiciones similares a las que se enfrentan en procesos de restauración.

Los viveros de páramo tienen la potencialidad no solo de suministrar material de calidad para la restauración ecológica, sino de ser centros de encuentro, educación ambiental y emprendimiento para las comunidades rurales.

El sueño de los viveristas de alta montaña es continuar con sus iniciativas que preservan estos ecosistemas claves en la lucha contra el cambio climático.

Descarga aquí Viveros de páramos para la restauración ecológica.



Las plantas se pueden agrupar por la forma en la que se desarrollan durante su ciclo de vida:

Rosetas con tallo: Las hojas se distribuyen de forma circular en el tallo, como es el caso típico de frailejones grandes. Rosetas sin tallo: Sus hojas también salen de forma circular, pero como no presentan tallo salen al nivel del suelo. Usualmente estas plantas tienen estructuras subterráneas, protegidas del frío donde almacenan agua y nutrientes. Arbustos: Plantas leñosas que alcanzan hasta los cinco metros de altura y se ramifican cerca de la base.

Arbolitos: Individuos leñosos con tallo claramente definido, que superan los cinco metros. Pueden formar pequeños bosques localmente.

Hierbas: Plantas de bajo porte, no leñosas o poco lignificadas, de manera que tienen consistencia blanda.

Bejucos o trepadoras: Plantas con un tallo largo y flexible que les permite crecer entre los árboles para alcanzar la luz. Pueden ser leñosas o herbáceas.

Bambusoides: Especies cuyas plantas tienen forma de bambú, lignificadas, de poca altura y clonales.

Cojines: Plantas que crecen a ras del suelo, forman un colchón o tapete que puede verse plano, convexo o semiesférico. Macollas: Las hojas son planas semejantes a penachos o grupos densos de tallos con hojas rígidas, puntiagudas, tubulares o enrolladas.

Para conocer más sobre las plantas de páramo puedes consultar Bitácora de Flora. Segunda edición.

Galería de Víveros


Preparando los esquejes de las plantas que se van a propagar.
Foto: Bosques & Semillas.



Siembra de semillas de plantas nativas en canaletas
Foto: John Bernal




Marcaje de plántulas con palillo que indica que ya se contabilizó su germinación.
Foto: John Bernal.

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Se da inicio a la actualización de la lista roja de los mamíferos amenazados en Colombia

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Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 13 de mayo de 2021

Se da inicio a la actualización de la lista roja de los mamíferos amenazados en Colombia




Colombia está catalogado como el sexto país con mayor cantidad de especies de mamíferos en el mundo. Fotos: Felipe Villegas, Jhon Barros y Fundación Wii.


  • •  El último Libro Rojo de los Mamíferos del país fue publicado hace 15 años, tiempo en el cual estos animales se han visto seriamente afectados por la transformación y deterioro de los ecosistemas, principalmente desatados por la deforestación, creciente pérdida de hábitat, sobreexplotación (uso y caza) y tráfico ilegal.
  • •  El Instituto Humboldt, la Asociación Colombiana de Zoología y la Sociedad Colombiana de Mastozoología lideran la actualización de este grupo, un trabajo en el que han participado más de 110 investigadores, 60 instituciones, profesionales y becarios.
  • •  Los científicos recopilaron información para un grupo piloto de 189 especies de mamíferos por medio de una detallada revisión de datos provenientes de colecciones biológicas y esfuerzos de fototrampeo.
  • •  A finales de este año los expertos en mamíferos del país habrán evaluado el estado de amenaza de estas especies de acuerdo con los criterios de la UICN.


  • Cerca del 10% de la biodiversidad del planeta está concentrada en Colombia, un territorio de aproximadamente 114 millones de hectáreas donde se han registrado más de 58300 especies de plantas y animales, de las cuales 8800 son únicas en el mundo.

    Es el segundo país con mayor riqueza natural en términos de biodiversidad en el globo terráqueo. Su biodiversidad extrema se debe a una ubicación geográfica privilegiada, un relieve único y una amplia variedad de climas, factores que lo convierten en un sitio propicio para albergar distintos ecosistemas y formas de vida.

    Sus dos salidas a los océanos Atlántico y Pacífico, tres cordilleras andinas, selva amazónica, el Chocó Biogeográfico, las sabanas de la Orinoquia, parte del Escudo Guayanés, desiertos, páramos y una Sierra Nevada única en el planeta son tan solo algunas de sus joyas ecosistémicas.


    El puma mide hasta 1,6 metros de largo. Es una de las especies ya catalogadas como amenazadas en Colombia. Foto: Instituto Humboldt.


    Aunque Colombia es reconocida como el principal refugio de aves y orquídeas en el mundo, los mamíferos (animales con pelos y glándulas mamarias productoras de leche), también han encontrado en sus dominios ecosistémicos un sitio ideal para establecerse, ubicando al país en un cuarto lugar a nivel global en cuanto a diversidad de especies.

    Con 520 especies de mamíferos registradas, de las cuales 58 son endémicas o únicas del territorio nacional, Colombia ostenta el título del sexto país más rico en estos animales, grupo que incluye felinos, murciélagos, marsupiales, primates, roedores, cetáceos, entre otros.

    Del total, 42 especies han sido catalogadas por los científicos como los mamíferos más amenazados: seis en peligro crítico de extinción, ocho en peligro y 24 vulnerables a desaparecer. En este listado están joyas naturales como el jaguar, el oso de anteojos, el tití cabeciblanco y el delfín rosado.


    El tití cabeciblanco, primate endémico de Colombia, figura entre los mamíferos más amenazados en todo el territorio nacional. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Sin embargo, gran parte de estos datos provienen del último Libro Rojo de los Mamíferos de Colombia, publicado en 2006 por Conservación Internacional en colaboración con otras instituciones como autoridades ambientales, ONG y el Ministerio de Ambiente, lo que significa que dicha evaluación requiere de una urgente actualización.

    La nueva Lista Roja de los Mamíferos es fundamental para múltiples procesos de conservación, planificación del desarrollo y para entender, incluso, el desempeño ambiental del país, por lo que es necesario contar con datos relevantes y actualizados para entender cómo las amenazas han afectado a estos animales y las medidas necesarias para revertir dichos procesos que amenazan su existencia en el país.

    En casi dos décadas, los ecosistemas colombianos que le ofrecen hogar a los mamíferos han cambiado radicalmente. Por ejemplo, la deforestación, la peor problemática ambiental en el país, arrasó con cerca de 2.8 millones de hectáreas de bosque entre 2000 y 2019, la mayoría en la Amazonia.

    “Los conflictos ambientales han repercutido en la fauna y flora nacional. En el caso de algunos mamíferos, como los grandes depredadores, son los primeros en verse afectados cuando los ecosistemas son alterados”, precisó Lina Marcela García L., bióloga e investigadora del Instituto Humboldt.


    La actualización del Libro Rojo de Mamíferos identificará qué tan amenazados están los murciélagos de Colombia. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Más de 180 especies con información

    El Instituto Humboldt, la Asociación Colombiana de Zoología (ACZ) y la Sociedad Colombiana de Mastozoología aunaron esfuerzos para actualizar las evaluaciones de riesgo de extinción de los mamíferos de Colombia publicadas en su momento en el Libro Rojo de los Mamíferos en 2006, además de incluir otras especies priorizadas por su endemismo y uso.

    “Tenemos un alto rezago sobre el grado de amenaza de nuestros mamíferos ya que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) recomienda actualizar las evaluaciones de riesgo de extinción por lo menos cada cinco años”, precisó la bióloga del Humboldt María Piedad Baptiste E.

    Por medio de un convenio de cooperación suscrito en noviembre de 2020, las mencionadas entidades compilan toda la información sobre los mamíferos de Colombia que reposa en sitios como las colecciones biológicas de entidades públicas y privadas, además de datos de fototrampeo de ONG, universidades públicas o privadas e investigadores independientes.


    El jaguar es el felino más grande de América, con tamaños que pueden alcanzar los dos metros de largo. Foto: Fundación Panthera.


    “Ya ajustamos una base maestra para la generación de fichas de mamíferos, insumos que incorporan la información relacionada con los parámetros ecológicos, uso y amenazas de estos animales”, precisó Baptiste en una reciente socialización del convenio.

    Según Lina García y Gabriel Pantoja, investigador de la ACZ, a la fecha se han encontrado más de 50000 registros en colecciones y fototrampeo para las 189 especies de mamíferos priorizadas correspondientes a 15 órdenes, 43 familias y 106 géneros.

    De los mamíferos identificados a la fecha, cerca del 35% corresponde a carnívoros, 30% a roedores, 15% a artiodáctilos o ungulados con dedos pares y 5% a perisodáctilos o ungulados de dedos impares.

    Con porcentajes menores están los cingulados o armadillos, pilosos (osos hormigueros, tamandúas y perezosos), lagomorfos o conejos, murciélagos, eulipotiflanos (erizos, topos y musarañas), primates y cetáceos (delfines y ballenas).


    Las nutrias también están entre los mamíferos más amenazados del país. Foto: Fernando Trujillo: Fundación Omacha.


    En cuanto a la búsqueda de información sobre la distribución, usos, amenazas y demás aspectos ecológicos de los mamíferos, los científicos se han concentrado en plataformas como Google Scholar, Ilibrary, Naturalist, Scopus Preview, Elsevier y Web of Science, junto a las revisiones de repositorios de distintas universidades del país.

    “La mayoría de recursos consultados fueron artículos científicos y recursos electrónicos. En menor medida se logró acceder a tesis de grado o reportes esporádicos debido a la inaccesibilidad y no disponibilidad de dichos insumos”, informaron los líderes del convenio.

    La meta de este año

    El primer paso para actualizar la Lista Roja de los Mamíferos de Colombia fue la recopilación de información, un trabajo que contó con la participación de 115 personas, 8 curadores de colecciones biológicas, 60 instituciones como universidades y ONG, profesionales y becarios.

    “Siguiendo todos los requerimientos y estándares de la UICN logramos gestionar, consolidar y validar la información de base. La segunda etapa, que irá hasta el mes de julio, será definir e implementar el esquema operativo para hacer las evaluaciones a través de la participación de diversos expertos”, dijo Baptiste.


    El oso de anteojos está bastante afectado por la deforestación y ataques de los humanos. Foto: Fundación Wii.


    Entre julio y octubre, el Instituto Humboldt, la Asociación Colombiana de Zoología y la Sociedad Colombiana de Mastozoología, con el apoyo de otros mastozoólogos, avanzarán en la evaluación de la categorización con la UICN y el envío de los resultados a las instancias correspondientes.

    “A finales de este año esperamos contar con la actualización de la Lista Roja de los Mamíferos de Colombia, insumo que iremos socializando en diversas instancias a nivel nacional e internacional. El objetivo es incluir todos los resultados en la lista oficial de especies amenazadas de Colombia”, informó Baptiste.

    Con los resultados de este convenio, los investigadores elaborarán un artículo científico sobre los mamíferos endémicos y amenazados del país, que espera ser publicado en la revista Biota Colombiana, promoviendo la divulgación de datos como insumo clave para la toma de decisiones.

    “También estamos subiendo los insumos en la Infraestructura Institucional de Datos del Humboldt (I2D), el Sistema de Información de Biodiversidad de Colombia (SiB) y Biomodelos, para que luego puedan ser consultados por los científicos y la ciudadanía en general”, puntualizaron las entidades.


    Los primates colombianos se están quedando cada vez más sin hogar. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Epicentros de datos

    Las colecciones biológicas, sitios donde reposan los hallazgos de la flora y fauna colectados por los científicos en las expediciones por la biodiversidad, son grandes epicentros de información para consolidar los libros rojos de los recursos naturales.

    Para la actualización de la lista roja de mamíferos, los investigadores de las tres entidades contactaron a 22 colecciones del país, de las cuales 8 decidieron participar en este ejercicio para su conservación.

    Las que acataron el llamado fueron la del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, Museo de Historia Natural de la Universidad Distrital, Universidad de Caldas, Instituto Tecnológico Metropolitano, Museo de La Salle, Universidad de Nariño, Museo de Historia Natural de la Universidad de los Andes e Instituto Humboldt.


    El delfín rosado también padece por las actividades humanas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Estos sitios aportaron más de 1300 registros de 94 especies de mamíferos, correspondientes a 31 familias, 12 órdenes y 63 géneros. La mayoría de la información proviene de departamentos como Cundinamarca, Caldas, Antioquia, Huila, Meta, Caquetá, Chocó, Arauca, Casanare, Santander, Boyacá y Tolima.

    “Las colecciones que no han participado aún nos pueden enviar su información. Es de suma importancia contar con más datos en regiones como la Amazonia, Orinoquia y el Chocó Biogeográfico, donde están los mayores vacíos”, precisaron los expertos.

    En cuanto al fototrampeo, más de 50 universidades, instituciones gubernamentales y no gubernamentales e investigadores independientes aportaron 53900 registros de 62 especies de mamíferos (10 órdenes, 27 familias y 50 géneros), información que fue organizada en 33 bases de datos.


    Colombia alberga seis especies de felinos, todas bastante amenazadas por la mano del hombre. Foto: Instituto Humboldt.


    Los roedores y carnívoros son los mamíferos con más información a partir del fototrampeo, ya que las cámaras trampa normalmente son instaladas a nivel de suelo. Cundinamarca fue el departamento con mayor cantidad de datos.

    “También tenemos información considerable en Amazonas, Caquetá, Santander, La Guajira, Vichada y Meta. Sin embargo, hay carencia de datos en sitios como Cesar, Norte de Santander, Guaviare, Guainía y la parte insular de Colombia”, indicaron los expertos.

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    Instituto Humboldt presenta claves para la gestión local de los páramos en Colombia

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 11 de mayo de 2021

    Instituto Humboldt presenta claves para la gestión local de los páramos en Colombia



    El manejo de los páramos ha dejado de ser un asunto meramente técnico y los pobladores exigen, con más fuerza, su participación en la toma de decisiones. Foto: Paola Sánchez (Instituto Humboldt).

    • •  Colombia alberga la mitad de los páramos del mundo, más de 2,9 millones de hectáreas distribuidas en 36 complejos de páramos
    • •  Si bien la administración de estos ecosistemas está a cargo de las Autoridades Ambientales, otros actores públicos, como alcaldes y gobernadores, también deben aportar y actuar de manera articulada con las comunidades
  • •  El Instituto Humboldt, en su publicación ‘Claves para la gestión local del páramo’, ofrece algunas recomendaciones para que los involucrados se vinculen en procesos de conservación, investigación, educación, restauración, reconversión productiva y gobernanza de estas esponjas hídricas desde lo local.


  • Los páramos son uno de los ecosistemas estratégicos del país, de ellos nacen las principales estrellas fluviales y abastecen de agua a 17 millones de personas, permiten el desarrollo de actividades agropecuarias e industriales en la región Andina, por lo que su adecuada gestión debe ser prioridad para las autoridades locales y departamentales.

    Más de 2,9 millones de hectáreas del territorio nacional, distribuidas en 36 complejos de páramos albergan estos reservorios hídricos. Estas cifras convierten a Colombia en el territorio con mayor extensión de páramos en el mundo, donde está concentrada la mitad de estos ecosistemas.

    De los 1.123 municipios del país, 400 tienen jurisdicción en los páramos. De este total, 10 cuentan con más del 70% de su área. Esto indica que es necesario adaptar las directrices nacionales a las realidades locales, construyendo con las instituciones y sus habitantes formas de acercarse a los territorios.

    Según datos de la ‘Caracterización poblacional de áreas de páramo’ del DANE, publicada en 2018, se estima que en los páramos habitan al menos 76.218 personas. Sin embargo, la población que deriva su sustento de este ecosistema es de 113.114, entre trabajadores permanentes y temporales.

    El proyecto Páramos: Biodiversidad y Recursos Hídricos en los Andes del Norte, coordinado por el Instituto Humboldt y financiado por la Unión Europea, da a conocer una nueva publicación sobre su adecuada gestión en la que se ofrecen recomendaciones y destaca los aprendizajes de cinco años de acompañamiento en la gestión a 11 Corporaciones Autónomas Regionales y 50 entes territoriales vinculados al Proyecto.

    Algunas de las claves son: desarrollar procesos de conservación, investigación, educación, restauración, reconversión productiva y gobernanza de estos ecosistemas estratégicos desde lo local.

    De acuerdo con la publicación, resulta determinante conocer cuáles son las fuentes financieras disponibles para la puesta en marcha de estrategias de gestión del páramo y cómo se pueden articular para tener un mayor alcance entre varias instituciones.



    Los páramos son el hogar de comunidades étnicas y locales como indígenas, afrocolombianos y campesinos, lo que genera una diversidad de usos y costumbres frente al ecosistema. Foto: Corporación Autónoma del Valle del Cauca (CVC).



    Es de suma importancia incluir a las comunidades locales mediante acuerdos voluntarios de conservación, pago por servicios ambientales y alternativas económicas sostenibles como los negocios verdes que se consolidan como una opción para reemplazar y sustituir actividades agropecuarias de alto impacto.

    ‘Claves para la gestión del páramo’ precisa que se deben priorizar programas de educación ambiental que sensibilicen a los habitantes sobre la importancia del ecosistema y complementar los programas de reconversión de actividades agroproductivas mediante la asistencia técnica.

    “Las medidas que se lleven a cabo en los páramos solo tendrán el impacto esperado si se logra llegar a los territorios de manera articulada y con una visión a largo plazo, que plantee una continuación entre periodos de gobierno y logrando convocar a los entes territoriales, los habitantes rurales y urbanos y el sector privado”, manifestó Hernando García, director del Instituto Humboldt.



    En los páramos colombianos se han identificado al menos 90 especies de anfibios. Una de ellas es Pristimantis boulengeri, registrada en el complejo Las Hermosas, Valle del Cauca. Foto: Sebastián Duarte Martín.



    Aunque la administración de estos complejos está a cargo de las Autoridades Ambientales, otros actores públicos también deben aportar y actuar de manera articulada. En este escenario, los alcaldes y gobernadores cumplen un papel fundamental en su gestión.

    Páramos: ecosistemas estratégicos

    Los páramos colombianos abastecen de agua a 17 millones de personas y permiten el desarrollo de actividades agropecuarias e industriales en la región Andina, por lo que su adecuada gestión debe ser prioridad para las autoridades locales y departamentales. También agua en cantidad y calidad a 16 de las principales ciudades del país como Bogotá, Cali, Medellín, Pasto, Neiva, Manizales, Bucaramanga, Pereira, entre otros. Y además nutren a 73 hidroeléctricas.

    En estos ecosistemas se encuentran cerca de 4.000 especies de plantas (734 son endémicas), 70 de mamíferos, 154 de aves y 90 de anfibios. La diversidad de plantas representa el 17 % de la diversidad florística de Colombia, concentrada en apenas 2,5% del territorio nacional. Cuando los páramos son transformados se ven afectadas las especies emblemáticas como el oso de anteojos, la danta o el puma, y los beneficios que estos ecosistemas le prestan a la sociedad.



    Ubicación: Gámeza, Boyacá. Complejo de páramo de Pisba. Foto: Camilo Rodríguez



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    Biodiversidad en la altillanura colombiana: más de 300 especies fueron registradas en la cuenca del río Tillavá

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 05 de mayo de 2021

    Biodiversidad en la altillanura colombiana: más de 300 especies fueron registradas en la cuenca del río Tillavá




    Más de 300 especies de animales fueron registradas en la primera expedición de biodiversidad por la cuenca del río Tillavá, en el departamento del Meta. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    • •  Durante ocho días, investigadores del Instituto Humboldt y la Fundación Omacha, bajo la coordinación de Cormacarena y acompañados por la comunidad local e indígenas sikuani, estudiaron los ecosistemas de la altillanura y recorrieron 277 kilómetros del río Tillavá en el departamento del Meta.
    • •  La deforestación, transformación y degradación de los ecosistemas, contaminación hídrica y sobrepesca, tienen en alto riesgo a más de 100 peces únicos de esta zona del país. El bagre rayado ya está catalogado en peligro crítico de extinción.
    • •  Delfines rosados, nutrias gigantes, águilas harpía, peces, tortugas, serpientes, murciélagos y macroinvertebrados acuáticos, dejaron ver su belleza en la primera expedición de biodiversidad por la cuenca.
  • •  Por tratarse de un sitio donde convergen ecosistemas de la Orinoquia y la Amazonia, la fauna silvestre de este lugar del Escudo Guayanés es bastante diversa.


  • Un clima atípico puso en aprietos la primera expedición de biodiversidad por la cuenca del río Tillavá, una zona con más de 3.000 kilómetros cuadrados del municipio de Puerto Gaitán en el departamento del Meta, puntualmente en la vereda Rubiales.

    Los 14 investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena, encargados de recorrer los principales ecosistemas de la cuenca, se encontraron con un panorama gris, húmedo y lluvioso al inicio de la salida de campo, un viaje biodiverso que se extendería hasta finales del mes de abril.


    La cuenca del río Tillavá abarca cerca de 3.000 kilómetros cuadrados del municipio de Puerto Gaitán (Meta). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Los expedicionarios tenían la certeza de que había temporada seca en la zona, como es normal durante el mes de abril y dado el seguimiento que se hizo diariamente desde finales de marzo.

    Sin embargo, el 14 de ese mes, día en el que llegaron a la finca La Elisa de la vereda Rubiales para montar el campamento, los expertos vieron que la zona estaba gobernada por las lluvias y los ríos desbordados en las sabanas y bosques de galería.

    Las cámaras trampa captaron una gran variedad de mamíferos, entre ellos este puma (Puma concolor). Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    “Fuimos testigos de los coletazos del cambio climático. A pesar de que el mes de abril está catalogado como el más seco en este territorio de la Orinoquia, con apenas lluvias incipientes, estas se adelantaron debido a la alta precipitación en las cordilleras cuyos ríos drenan a la Orinoquia”, afirma Carlos A. Lasso, investigador senior del Instituto Humboldt y coordinador científico de la expedición.

    Según Lasso, las lluvias en las cordilleras causaron ascensos significativos en los niveles de los ríos Orinoco, Vichada y finalmente el Tillavá, “el cual, por un simple balance de flujos, aumentó considerablemente su nivel en la última semana previa a la expedición”.


    14 investigadores del Instituto Humboldt, la Fundación Omacha y Cormacarena lideraron la primera expedición por la cuenca del río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    La primera noche de la salida de campo tuvo un común denominador: las lluvias y el río desbordado, lo que obligó a mudar el campamento de sitio.

    Para Lasso, la angustia en las miradas de los investigadores era evidente, ya que con estas condiciones sería muy complicado estudiar las poblaciones de la fauna que habitan en este sitio donde convergen la Orinoquia y la Amazonia.


    Los investigadores registraron tres individuos de delfín rosado (Inia geoffrensis) en el río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Con lluvia sería muy difícil instalar las cámaras trampa para monitorear los mamíferos y montar las redes para los murciélagos. Además, complicaría los recorridos en lancha por el río para observar nutrias, aves y delfines rosados”.

    El investigador del Instituto Humboldt precisó que el primer día estuvieron prácticamente encerrados en el campamento por el aguacero, “aunque esa noche empezamos a trabajar algunos grupos”.

    Una danta de la especie Tapirus terrestris fue registrada por las cámaras instaladas en varios sitios boscosos. Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    Con el permiso de la naturaleza

    Contra todos los pronósticos, el segundo día de la expedición amaneció con un cielo azul libre de nubes, un permiso de la naturaleza para que los investigadores observaran los tesoros naturales que esconde la cuenca.

    “Este nuevo panorama nos acompañó durante la mayoría del tiempo de los ocho días de la expedición por el Tillavá, trabajo que hace parte de un convenio suscrito entre Cormacarena y el Instituto Humboldt, con el apoyo de la Fundación Omacha. Aunque no faltaron algunas lluvias tenues, eso no evitó que pudiéramos analizar la biodiversidad del territorio”, dijo Lasso.


    Más de 300 especies de animales fueron registradas por los expertos en la cuenca del río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Acompañados por 10 personas de las comunidades locales y de la etnia sikuani, los expertos del Humboldt y Omacha se adentraron en lo más profundo de la zona para estudiar el estado de las poblaciones de varios animales y el uso que les dan a los ecosistemas.

    “Aunque el delfín rosado (Inia geoffrensis) y la nutria gigante (Pteronura brasiliensis) son las especies que fueron priorizadas para esta alianza por la biodiversidad del Tillavá, también es necesario analizar otros animales que habitan en la cuenca y los cuales tienen relación directa con ellos, es decir que puede ser su presa o base de la cadena trófica”, apuntó el investigador del Humboldt.


    Cerca de 85 especies de peces fueron detectadas en la expedición, más del doble de lo que se conocía hasta el momento. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Además de agudizar sus sentidos para encontrar a los delfines y nutrias en el río y sus ecosistemas aledaños, los expedicionarios estaban listos para estudiar otros representantes de la fauna silvestre.
    “El ideal era registrar otros animales como peces, crustáceos, moluscos, macroinvertebrados acuáticos, serpientes, tortugas, cocodrílidos, aves y mamíferos”.


    Es la primera vez que se hace un inventario en detalle de las poblaciones de peces en la cuenca del Tivallá. En la foto un pez de la especie Apistogramma sp.. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    Resultados que asombran

    El recorrido total por el río Tillavá y algunos ecosistemas que lo rodean fue de aproximadamente 277 kilómetros, un viaje en donde los investigadores de la Fundación Omacha realizaron 47 recorridos para estudiar los delfines y las nutrias, cada uno con un promedio de 2,5 kilómetros.

    La información recopilada durante los ocho días de la primera expedición arrojó más de 300 especies de animales en la cuenca, datos que según Lasso son preliminares porque actualmente son analizados detalladamente y además vendrán más salidas de campo.


    Carlos A. Lasso, investigador del Humboldt y coordinador científico de la expedición por el río Tillavá. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Sin embargo, registrar esta cantidad de especies en un tiempo relativamente corto nos revela un aparente buen estado de los ecosistemas de la cuenca del Tillavá, un territorio de la altillanura del Escudo Guayanés totalmente desconocido donde convergen la Orinoquia y la Amazonia”.

    Para analizar las poblaciones de delfines, los investigadores también recorrieron parte del caño Rubiales y lograron muestrear hasta la confluencia entre el Tillavá, Planas y Vichada. Sin embargo, solo pudieron observar tres individuos.


    En los ocho días de monitoreo se registraron cinco especies de camarones, una de cangrejo, dos de esponjas, tres de moluscos y más de 30 de insectos. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    “Este es un resultado interesante que requiere de mayor análisis. Al parecer hay una población aislada de esta especie en el lugar, algo que los estudios de la Fundación Omacha corroborarán próximamente”, precisa Lasso.

    La comunidad de la zona manifestó que ha avistado cerca de 30 delfines rosados en la zona, un dato que será corroborado en las futuras expediciones durante épocas más secas.


    Cinco especies de tortugas fueron registradas en la expedición por el río Tillavá. Es la primera vez que es avistada la matamata del Orinoco (Chelus orinocensis) en esta zona (foto de la izquierda). Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En cuanto a la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), los investigadores se encontraron con un hallazgo único en todo Sudamérica: una nutria depredando a una iguana, un cuadro que la ciencia nunca había registrado.

    “Esta es la primera vez que se registra esto en Colombia y en Sudamérica. Es un avistamiento inédito que nos permite mostrar que la nutria no solo se alimenta de peces, como muchos pescadores piensan y por eso la atacan”, afirma Lasso.

    En la expedición, los investigadores trataron de buscar evidencias sobre la presencia de las nutrias gigantes en las letrinas o lagunas, algo que no llegó a buen término por el desbordamiento del río causado por las lluvias.


    Los investigadores identificaron las cuatro especies de cocodrílidos: babillas, dos cachirres y el caimán llanero. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    La naturaleza se impone

    En la cuenca del río Tillavá, los investigadores evidenciaron una alta presencia de peces: cerca de 85 especies detectadas en la expedición, más del doble de lo que se conocía hasta el momento.

    “Es la primera vez que se hace un inventario en detalle de las poblaciones de peces en esta zona. Los primeros muestreos de peces, crustáceos y otros macroinvertebrados acuáticos se hicieron en los morichales de altillanura”, precisó Lasso.


    El balance de anfibios y reptiles en la cuenca sumó 39 especies, una de ellas la Boa constrictor. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según el investigador, estos hallazgos le permiten considerar que en la cuenca pueden haber más de 150 especies de peces, “una hipótesis que abordaremos en las otras salidas de campo que haremos en la época de salida de aguas y/o época seca”.

    Los macroinvertebrados acuáticos no se quedaron atrás. En los ocho días de monitoreo se registraron cinco especies de camarones, una de cangrejo, dos de esponjas, tres de moluscos y más de 30 de insectos.


    Aproximadamente 120 especies de aves fueron avistadas en los ecosistemas acuáticos y terrestres de la cuenca. En la foto una arpía menor (Morphnus guianensis). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).
    En cuanto a tortugas, la expedición arrojó la presencia de cinco especies, una de las cuales no tenía registro para esta zona del país: la matamata del Orinoco (Chelus orinocensis), uno de los reptiles más apetecidos por los traficantes de fauna silvestre.

    “Identificamos las cuatro especies de cocodrílidos: babillas, dos cachirres y el caimán llanero (por registros históricos), además de anacondas y una serpiente acuática. El balance de anfibios (ranas) y reptiles en la cuenca sumó 39 especies”, anota el investigador del Humboldt.

    El pecarí de collar (Dicotyles tajacu), una de las especies de mamíferos captada por las cámaras trampa. Créditos: Carlos Aya (Fundación Omacha), alianza Cormacarena - Instituto Humboldt.


    En los ecosistemas terrestres y acuáticos del Tillavá fueron observadas aproximadamente 120 especies de aves como el águila harpía, una cifra que los investigadores estiman podría alcanzar las 200 en las futuras expediciones.

    “Volveremos a expedicionar la zona en una época más seca, un factor que seguramente nos permitirá registrar muchas más especies de animales en la cuenca”.


    17 especies de murciélagos fueron registradas en la expedición, como Phyllostomus elongatus (derecha) y Mesophylla macconnelli (izquierda). Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    ¡Territorio de mamíferos!

    Por tratarse de un territorio con ecosistemas del Amazonas y la Orinoquia, la cuenca del río Tillavá alberga una alta diversidad de mamíferos, tanto de gran porte como medianos y pequeños.

    A través de la instalación de cámaras trampa, trabajo liderado por la Fundación Omacha, y redes en los bosques, los expedicionarios identificaron 33 especies de mamíferos como roedores, marsupiales, pumas, armadillos y murciélagos.


    La cuenca del río Tillavá alberga ecosistemas del Amazonas y la Orinoquia. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El primer análisis de murciélagos en la cuenca arrojó como resultado 17 especies, hallazgos que fueron posibles por las colaboraciones de las comunidades locales e indígenas.

    “Rubén Darío Quiñones, un llanero de pura cepa amante de los mamíferos y quien escribe canciones y poesías dedicadas a la naturaleza, fue uno de los guías locales que más nos ayudó en el estudio de estos animales”, dijo Nicolás Reyes, curador de mamíferos del Humboldt, otro de los expertos que acompañó la expedición.


    El Instituto Humboldt, Cormacarena y la Fundación Omacha realizarán más expediciones por el río Tillavá. Fotos: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según Reyes, este guía venció uno de los mayores miedos en la expedición. “Antes de empezar los recorridos nos contó que les tenía fobia a los murciélagos. Sin embargo, culminado el trabajo nos contó que les perdió miedo y ahora guarda una gran admiración por estos curiosos y hermosos seres”.

    Las cámaras trampa instaladas por la Fundación Omacha estarán durante dos meses más en la cuenca de Tillavá, por lo cual se espera que la cantidad de especies de mamíferos sea mucho mayor.


    Las comunidades locales fueron claves en la primera expedición por el río Tillavá. Rubén Darío Quiñones (centro), un llanero de pura cepa, apoyó el estudio de mamíferos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Esta es apenas una pequeña muestra de la riqueza que alberga la cuenca. Cuando la pandemia nos permita organizar las otras salidas de campo, contaremos con muchos más insumos para elaborar un estudio más detallado sobre los delfines, perros de agua y el listado de la biodiversidad presente, los usos del hábitat e incluso las amenazas”, puntualizó Lasso.

    El convenio entre el Instituto Humboldt y Cormacarena arrojará un estudio con el listado de la biodiversidad acuática y su relación con el delfín rosado y la nutria en la cuenca del río Tillavá, además del uso de hábitat, poblacional y de amenazas de estas dos especies.

    “El objetivo es elaborar un documento detallado con el estado del conocimiento sobre el delfín rosado y la nutria en la cuenca, un trabajo que contará con los aportes de las personas locales de la zona”.


    Con redes de niebla, los expertos estudiaron a los murciélagos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

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    Los peces del río Grande de la Magdalena: únicos y amenazados

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    Por: Prensa Instituto Humboldt | Bogotá D.C., 30 de abril de 2021

    Los peces del río Grande de la Magdalena: únicos y amenazados



    El Magdalena es el río más representativo de Colombia, un cuerpo hídrico que late y suena a cultura, música, literatura y biodiversidad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    • •  Una nueva publicación del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín (EPM) revela que en la cuenca habitan 233 especies de peces de agua dulce, de las cuales 158 son endémicas de este territorio.
    • •  La deforestación, transformación y degradación de los ecosistemas, contaminación hídrica y sobrepesca, tienen en alto riesgo a más de 100 peces únicos de esta zona del país. El bagre rayado ya está catalogado en peligro crítico de extinción.
    • •  La cuenca del río más importante del país, una serpiente carmelita que inspira a escritores, compositores y poetas, tiene 43 especies de peces que fueron introducidas y afectan la biodiversidad.
  • •  Los investigadores proponen varias estrategias de conservación y manejo para que el recurso íctico del Magdalena no siga palideciendo.


  • Gabriel García Márquez tuvo en las aguas carmelitas del río Grande de la Magdalena, el sistema fluvial más representativo del norte de los Andes, una de sus mayores fuentes de inspiración. Lo recorrió varias veces en barco durante sus épocas de estudiante, cuando partía de Zipaquirá para regresar a Aracataca, su Macondo.

    En ‘El amor en los tiempos del cólera’, novela publicada en 1985 que narra el romance de Florentino Ariza y Fermina Daza, García Márquez plasmó a la perfección cómo la serpiente que atraviesa todo el centro del país y le entrega sus aguas al océano Atlántico, ha palidecido por la mano del hombre.

    Al final de la obra, cuando Fermina y Florentino concretan su idilio de amor en un viaje por el Magdalena a bordo de la Nueva Felicidad, el río ya había perdido la magia biodiversa que el protagonista misterioso y enamoradizo presenció en su primer recorrido por el cuerpo de agua, cuando partió de su pueblo para pasar su depresión amorosa.


    En El Banco, el río Magdalena se encuentra con el Cesar para formar un paisaje hídrico que inspiró a José Barros a componer La Piragua. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    “Fermina no vería los animales de sus sueños: los cazadores de pieles habían exterminado los caimanes; los loros con sus algarabías y los micos se habían ido muriendo a medida que se les acababan las frondas; y los manatíes de grandes tetas que amamantaban a sus crías en los playones eran una especie extinguida”, escribió Gabo.

    En los últimos 50 años, los niveles de deforestación en la cuenca del Magdalena han superado el 70 por ciento. Entre tanto, la pérdida de sus áreas de humedales y ciénagas excede el 80 por ciento, impactos que han generado un incremento del 34 por ciento en las tasas de erosión desde la década pasada.

    “El Magdalena está entre los 10 ríos con mayor tasa de erosión a nivel global, con una producción de 710 toneladas por kilómetro cuadrado al año; el cuerpo hídrico transporta cerca de 180 millones de toneladas de sedimentos anuales”, revela el libro ‘Peces de la cuenca del río Magdalena: diversidad, conservación y uso sostenible’ del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín (EPM).

    Según el documento, elaborado por 58 investigadores nacionales e internacionales, la agonía del Magdalena se debe a que el 77 por ciento de la población colombiana está asentada alrededor de la cuenca, un sitio que aporta cerca del 80 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y genera 70 por ciento de la producción de energía hidráulica y 70 por ciento de las cosechas agrícolas nacionales.

    Los habitantes de la cuenca del río Magdalena, que alberga más de 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables, viven de la pesca. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “En los últimos 40 años, estos indicadores económicos han acelerado la degradación ambiental del territorio. Según el estudio global de cuencas fluviales del Instituto Mundial de los Recursos, la cobertura de bosques primarios no supera el 10 por ciento, mientras que la minería descarga 100 toneladas de mercurio cada año”, cita el libro.

    Los peces de agua dulce, presentes en los ríos, quebradas, lagos, lagunas, ciénagas, embalses y jagüeyes de la cuenca, palidecen por la acelerada intervención antrópica. “Esto fue lo que nos motivó a crear una publicación dedicada a analizar el pasado, presente y futuro de estos organismos del territorio anfibio más importante del país: el río Magdalena”, dijo Hernando García Martínez, director del Instituto Humboldt.

    La robusta publicación, que hace parte de la Serie de Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros Continentales de Colombia del Instituto Humboldt (http://repository.humboldt.org.co/handle/20.500.11761/35752), aborda cómo los principales conflictos ambientales de la cuenca han impactado los peces, información que sirvió para proponer varias estrategias de conservación y manejo que requiere el recurso íctico.

    “Estamos seguros de que esta información científica les servirá a todos los sectores de la vida nacional, tanto ambiental, académico y educativo como a las diferentes instancias nacionales y regionales, para tomar medidas efectivas y así proteger al río Grande de la Magdalena, una red que recorre la historia del país, sus culturas, costumbres, idiosincrasia y riqueza de recursos naturales”, afirmó García.


    Las aves que revolotean por el imponente y carmelito río Magdalena dependen de la gran variedad de peces que allí habitan. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Tesoros únicos

    La geografía de la cuenca del Magdalena surgió hace más de 80 millones de años con el inicio del levantamiento de las tres cordilleras andinas. Es un territorio con un área de drenaje de 257.000 kilómetros cuadrados conformado por 151 subcuencas tributarias y 1,2 millones de hectáreas de planicies inundables.

    En el mundo no hay otro río rodeado por condiciones climáticas y atmosféricas que provienen del Caribe, Orinoco, Amazonas y Pacífico, una serpiente de aguas carmelitas de 1.612 kilómetros que nace en la laguna Magdalena, en el macizo colombiano, y termina en Bocas de Ceniza, en el océano Atlántico.

    En el Magdalena habitan 233 especies de peces de siete órdenes y 33 familias, cifra que corresponde al 14,5 por ciento de la diversidad de peces agua dulce en Colombia. Es la tercera cuenca hidrográfica más rica en estos organismos, después del Amazonas y Orinoco.


    Las playas de amor de Chimichagua en el Cesar, son uno de los ecosistemas más representativos del Caribe colombiano y de la cuenca del río Magdalena. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    De este total, 158 especies son únicas de esta parte del país, es decir que el 68 por ciento de la riqueza en peces es endémica y no habita en ninguna otra parte del mundo. Según Carlos A. Lasso, investigador del Instituto Humboldt y uno de los editores del libro, el Magdalena es uno de los sitios con mayor endemismo de ictiofauna en América del Sur y el primero en Colombia.

    “Es la única cuenca con tres cordones montañosos, la cual es bañada dos veces al año por el agua que arrastran los vientos de la zona de convergencia tropical. Es un sitio que provee de escenarios climáticos y paisajísticos diversos a los que los peces han respondido”.

    Entre las especies de peces endémicos están el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), bocachico (Prochilodus magdalenae), blanquillo (Sorubim cuspicaudus), barbul (Pimelodus yuma), rivulín del Magdalena (Rivulus magdalenae), pataló (Ichthyoelephas longirostris), Brycon rubricauda, Hemibrycon cardalensis, Chaetostoma thomsoni, Trichomycterus mogotensis, Trichomycterus banneaui, Astroblepus onzagaensis y Astroblepus grixalvii.

    “30 de estas especies nativas son migratorias. El bocachico, bagre rayado, blanquillo y barbul desarrollan desplazamientos desde las planicies o ciénagas hacia los canales fluviales. En las épocas de verano, cuando las aguas bajan de nivel, generan las conocidas subiendas de ejemplares”, dice la publicación.

    Los investigadores consideran que el alto número de peces únicos del Magdalena se debe al aislamiento y enclave entre las cordilleras andinas, fenómenos que causaron un proceso de especiación sin precedentes en Sudamérica. “La cuenca cuenta con los niveles más altos de endemismo en muchas especies de la región Neotropical”, apunta Lasso.


    233 especies de peces habitan en la cuenca del río Magdalena, de las cuales 158 son endémicas o únicas de este territorio. Una de ellas es el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum). Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Con 164 especies, la subcuenca del Magdalena medio es la más rica en peces. Le siguen el bajo-medio Cauca (118), Sogamoso (116), alto y bajo Magdalena (112 y 87 respectivamente), Cesar (76), alto Cauca (73) y San Jorge (64).

    “En el Magdalena medio está la mayor cantidad de peces endémicos, con 27 especies identificadas, seguida por la subcuenca de Sogamoso con 16 especies. Estas dos regiones concentran los mayores valores de riqueza relativa de especies únicas”, informa Lasso.

    Los ríos y quebradas son el mayor refugio para los peces, ecosistemas donde los investigadores han registrado 123 especies. Le siguen en importancia las ciénagas, embalses, jagüeyes, lagunas de montaña y finalmente algunas cavernas.

    “En las zonas por debajo de los 300 metros sobre el nivel del mar, la inundación que se presenta dos veces al año conecta lateralmente los ecosistemas y facilita la dispersión y recolonización de los peces”, afirman los investigadores.

    La cuenca del río Magdalena está catalogada como uno de los ecosistemas con mayor cantidad de endemismos en el mundo. El bocachico (Prochilodus magdalenae) es una de sus joyas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Los peces del río Grande de la Magdalena utilizan varios recursos para alimentarse, como microalgas, microcrustáceos, larvas, pupas de insectos, invertebrados, frutos, semillas, flores, anfibios, reptiles y aves.

    “La dieta de estas especies depende de características morfológicas como la posición de la boca, tipo de dientes, longitud del intestino, tamaño del estómago e incluso los ojos en posición dorsal, peces que comúnmente se alimentan de plancton”, indica Lasso.

    81 especies de peces del Magdalena son carnívoras, 53 son omnívoras y 32 son detritívoras, grupo en el que se encuentran peces chupadores de raíces sumergidas y del fango. Entre tanto, solo cuatro son peces planctófagos.

    “En las ciénagas y embalses se presentan todos los gremios tróficos. Las ciénagas de El Jobo, Luruaco y Zapatosa (bajo Magdalena) y Simití, El Llanito, Guarinocito, Canaletal y Cachimbero (Magdalena medio), se caracterizan por presentar especies omnívoras y detritívoras”, cita el libro.

    Los científicos que participaron en la publicación del Instituto Humboldt, Universidad de Antioquia y EPM precisan que hay pocos estudios sobre la diversidad genética y estructura poblacional. “Identificamos estudios solo para 14 especies nativas, pero la mayoría se centra en peces de interés pesquero. A la fecha se desconoce la distribución de la diversidad y estructura genética para la mayoría”.


    La subcuenca del Magdalena medio es la más rica en peces, con 164 especies registradas. Chaetostoma thomsoni es una de las especies típicas de este ecosistema. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Amenazados

    Lasso afirma que las especies de peces de agua dulce del Magdalena figuran entre las más amenazadas del país y en los Andes tropicales. Las razones: la acelerada degradación y transformación del hábitat, la contaminación hídrica y especies introducidas.

    “Este río ha cambiado desde la época de la conquista de América por las actividades del hombre, al igual que los pobladores ribereños, usos para cultivos, navegación y comercio. Los bienes y servicios que conforman la oferta ambiental también han sufrido drásticas alteraciones”, cita el documento.

    Los Libros Rojos de peces dulceacuícolas de Colombia catalogan a 22 especies de peces del Magdalena como amenazadas, listado que encabezan el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), en Peligro Crítico, y el pataló (Ichthyoelephas longirostris) y Brycon labiatus, en la categoría de En Peligro.


    En todo el mundo, la arenca (Triportheus magdalenae) solo habita en la cuenca del río Magdalena. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Sin embargo, una evaluación adicional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reveló que 113 especies endémicas de la cuenca del Magdalena están dentro de alguna categoría de amenaza.

    En este estudio, el capaz (Pimelodus grosskopfii) figura en Peligro Crítico. Por su parte, siete especies están En Peligro (Ancistrus tolima, Ancistrus vericaucanus, Austrofundulus myersi, Brycon labiatus, Gymnotus ardilai, Parodon alfonsoi y Pseudoplatystoma magdaleniatum), 10 vulnerables y 85 casi amenazadas.

    “Las medidas de manejo para la conservación de los peces de la cuenca del río Magdalena se han centrado únicamente en 61 especies de interés pesquero de consumo u ornamental, dejando a un lado al 73,8 por ciento de esta riqueza de la cuenca”, precisa la investigación.


    Los paisajes del río Magdalena son tan mágicos y diversos como su biodiversidad. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Varias actividades humanas son los principales motores de las amenazas de los peces de la cuenca. Además de la deforestación, el documento revela que 294 municipios vierten aguas residuales sin tratamiento, hidrocarburos, metales pesados, materia orgánica y otros contaminantes que tienen en jaque a todas sus formas de vida.

    “Por ejemplo, la industria de los hidrocarburos hace evidente la contaminación en el río desde 1922 con la construcción de la refinería en Barrancabermeja: entre 1986 y 2003 se registraron 840 derrames y 940 voladuras del oleoducto Caño Limón-Coveñas”, precisa la investigación.

    En su paso por 11 departamentos, el río Magdalena recibe vertimientos con metales pesados utilizados por la minería. El HIMAT e Ingeominas encontraron en sus aguas concentraciones altas de metales como mercurio, plomo, cadmio, hierro y cinc.

    Según el Estudio Nacional del Agua de 2019, el 52 por ciento de la cuenca presenta una mala calidad de agua mala, 40 por ciento es regular y ocho por ciento es muy mala. Es decir que los peces viven, nadan, se alimentan y reproducen en ecosistemas con una calidad bastante precaria.


    Los peces del Magdalena le brindan alimentación a sus pobladores y demás representantes de la fauna colombiana. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).

    Acorralados por invasores

    En Colombia han sido identificadas 43 especies de peces introducidas y todas hacen presencia en la cuenca del río Magdalena: 13 fueron trasplantadas de otras cuencas y 30 son exóticas u originarias de otros continentes.

    “Todas estas especies son de interés para la acuicultura y las pescas comercial y deportiva. Desde 2012, se han registrado 13 introducciones nuevas y casi todas ampliaron su distribución geográfica”, revela Lasso.

    En el listado de especies exóticas introducidas figuran la mojarra o guapote amarillo (Parachromis friedrichsthalii), pez luchador de Siam (Betta splendens), pez cebra (Danio rerio), carpa dorada (Carassius auratus), carpa común (Cyprinus carpio) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), entre otras.


    Más de 100 especies de peces endémicas del río Magdalena se encuentran dentro de alguna categoría de amenaza. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El libro del Magdalena indica que en la actualidad se cultivan 15 especies introducidas: seis exóticas en 121 municipios y nueve trasplantadas en 92 municipios, la gran mayoría policultivos. “La falta de controles de seguridad, más la liberación intencionada, siembras y escapes, son las razones que explican la distribución actual”.

    Para los investigadores, la llegada de invasores exóticos pone el alto riesgo la biodiversidad de los peces del Magdalena. “Las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad, ya que reducen el recambio de especies nativas entre los ecosistemas y generan su extinción por depredación, parásitos, patógenos o competencia por hábitat y alimento”.

    Por ejemplo, en 2010 los científicos Caraballo y Gandara describieron cómo la pesquería artesanal del embalse del Guajaro se vio afectada por la introducción de la tilapia nilotica (Oreochromis niloticus), especie que afectó la abundancia de la arenca (Triportheus magdalenae), un pez emblemático de la zona.

    Recientemente, el pangasius (Pangasionodon hypophthalmus) prendió las alarmas debido a que podría convertirse en una amenaza para otros peces como el bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum).


    La contaminación hídrica, pérdida y transformación de sus hábitats, desarrollo y especies invasoras, tienen en peligro a los peces del Magdalena como a la Argopleura magdalenensis. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Territorio anfibio

    El desarrollo de los pueblos en Colombia siempre ha estado ligado al agua. Los pobladores de la cuenca del Magdalena han sobrevivido de la pesca desde el periodo comprendido entre los siglos V y I antes de Cristo.

    “De las más de 233 especies de peces del Magdalena, 65 son usadas como fuente de alimento directo para los humanos. Sin embargo, alrededor de 40 especies son usadas en la acuariofilia y 28 para la recreación o pesca deportiva”, afirma la publicación.


    Las medidas de manejo para la conservación de los peces del Magdalena se han centrado en las especies de interés pesquero. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    La pesca artesanal en el Magdalena involucra a más de 30.000 pescadores, actividad con una amplia variedad de artes que ha sido catalogada como una sobrepesca responsable del agotamiento de los peces.

    “Esta teoría no tiene en cuenta la magnitud de los impactos que la agricultura, los sectores industriales y domésticos generan sobre los recursos. Por tanto, el no cumplimiento de la reglamentación de artes y tallas inspirados en las pesquerías hace que los pescadores artesanales estén sujetos a una imagen negativa”, dice el estudio.

    Los investigadores encontraron que entre 1975 y 2016, la producción pesquera en la cuenca del Magdalena pasó de 81.653 a 26.132 toneladas. “Estos cambios en la producción han afectado de forma directa la seguridad alimentaria de los pescadores, algo que resalta la importancia regional y local que posee la pesca artesanal en la cuenca”.


    El Magdalena está entre los 10 ríos con mayor tasa de erosión a nivel global. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    En 2019, los desembarques alcanzaron las 14.312 toneladas de peces con cinco especies dominantes, todas migratorias: bocachico, bagre rayado, blanquillo, nicuro o barbul y capaz. “Estas especies están acompañadas por una introducida ya establecida: la tilapia. Los sitios donde más es aprovechado el servicio ecosistémico asociado a la pesca son Barrancabermeja, Magangué, Plato, Caucasia, El Banco, Honda y Puerto Boyacá”.

    Sin embargo, los depredadores principales, como el bagre rayado, son cada vez más escasos y pequeños. Para los expertos, la reducción de la biomasa de los peces piscívoros y carnívoros causa un incremento en la de los consumidores secundarios y una reducción en la de la población productora (detritívoros).


    La cuenca del río Magdalena aporta cerca del 80 por ciento del Producto Interno Bruto nacional. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “De esta forma se evidencia que la cascada trófica constituye el primer indicador de una pesquería no sostenible y conlleva a una sobrepesca del ecosistema. Las acciones clásicas de manejo pesquero dirigidas hacia una pesca selectiva, no van a resolver la sostenibilidad de las pesquerías artesanales de la cuenca Magdalena”.

    El renacer de la pesca, según los expertos, debe estar enfocado en garantizar la conectividad de los planes de inundación con los ríos y en restaurar la salud de los ecosistemas. “Esto debe involucrar a los pescadores, quienes empíricamente avalan un enfoque ecosistémico que garantice la sostenibilidad de la pesca”.

    Protección tenue

    En la década de 1970, Colombia tomó las primeras medidas para el manejo de las principales especies de peces de interés comercial, las cuales hoy se mantienen con algunas actualizaciones.

    En la última década, las acciones han tenido una orientación ligada a conservar la biodiversidad de los ecosistemas y evitar la pérdida de recursos naturales en áreas transformadas por el desarrollo, con la participación activa de las comunidades locales.

    65 especies de peces del río Magdalena son usadas como fuente de alimento directo para los humanos. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    “En cuanto a la cuenca del río Magdalena, el manejo y conservación se puede clasificar en cinco categorías: ecosistemas acuáticos y terrestres; peces con y sin interés pesquero; planificación y gestión; proporción menor al licenciamiento ambiental; y fortalecimiento de instituciones”, evidenciaron los autores del libro.

    Pero advierten que estas decisiones se han focalizado más en las especies de interés pesquero y no tanto en la conservación de la biodiversidad. “Se han centrado en 61 especies de interés pesquero de consumo u ornamental, dejando de lado el 73,8 por ciento de las especies de peces de la cuenca”.

    La creación de áreas protegidas ha permitido blindar algunas de las especies de peces del Magdalena, pero la mayoría están sobre los 2.000 metros sobre el nivel del mar, cuando la riqueza se concentra en zonas por debajo de los 1.000 metros de altura.


    La cuenca del Magdalena ya perdió cerca del 80 por ciento de sus humedales y ciénagas. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    “Estas áreas tampoco incluyen zonas de importancia para la reproducción y crianza de peces y no son lo suficientemente representativas para la conservación de las especies amenazadas”, apuntó Lasso.

    Los expertos precisan que la acuicultura para el repoblamiento se ha convertido en un motor indirecto en la pérdida de biodiversidad. “Esta tiene que ser medida de última instancia y solo debería hacerse si el ecosistema está en buen estado, teniendo en cuenta la pureza y variabilidad genética de los peces y su supervivencia”.

    En cuanto a las especies de peces introducidas, Lasso alerta que Colombia no tiene ninguna política de manejo o mitigación, “cuando sus poblaciones ya se han establecido bastante en la cuenca”.


    El río Magdalena fue una de las principales fuentes de inspiración de Gabriel García Márquez. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).


    Nueva visión

    La nueva publicación del Instituto Humboldt y la Universidad de Antioquia indica que las figuras e instrumentos de conservación han sido insuficientes por no tomar en cuenta las dinámicas ecológicas de los peces.

    “No se ha considerado la integridad de los ecosistemas de agua dulce como la principal medida para la conservación de sus peces. En ríos de zonas tropicales con grandes planicies de inundación, deberían aplicarse mecanismos como las Plataformas Multi-Actores (PMA’s), estructuras de gobernanza formales e informales destinadas a reunir diferentes sectores y actores para abordar problemas específicos”.


    La pesca artesanal en el río Magdalena involucra a más de 30.000 pescadores. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Algunos pescadores de la cuenca del Magdalena han puesto en marcha medidas promovidas desde la gobernanza local para blindar a los peces y sus ecosistemas. Tal es el caso de La Mesa del Bagre, plataforma creada por los pescadores del bagre (Pseudoplatystoma magdaleniatum) con ayuda de una ONG.

    “Esta unión logró que la AUNAP avalara la implementación de varias medidas concertadas para conservar el bagre rayado y mejorar las condiciones de los bagreros de la cuenca media del río Magdalena”, informa el libro.

    Adicionalmente, desde las comunidades se están gestionando aproximadamente 15 Unidades Integrales de Mejoramiento Pesquero en la zona del bajo y medio Magdalena, para así manejar y regular estos recursos.

    La agonía del río Magdalena está acabando con la cultura anfibia de la cuenca. Foto: Jhon Barros (Instituto Humboldt).

    Para Lasso, además del protagonismo de las comunidades locales para conservar la riqueza en peces, es necesario generar medidas que protejan la cuenca de forma integral y que sus cuerpos de agua tengan una conectividad acuática y terrestre.

    “En Colombia es necesario que la aproximación del Sistema Nacional Ambiental se realice dentro un marco que conecte las montañas con los planos bajos inundables y el mar. La gestión de todo este territorio inundable o anfibio, como el Magdalena, no puede seguir abordándose por separado”.

    Los peces depredadores del río Magdalena son cada vez más escasos y pequeños. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    El investigador del Humboldt también considera prioritario recuperar y preservar la salud de los ecosistemas naturales, además de garantizar la conectividad entre ellos. “Más del 70 por ciento de la conectividad entre el río y las ciénagas en el bajo Magdalena se ha interrumpido en los últimos 20 años, lo que causó una pérdida en la capacidad de amortiguación”.

    Los autores creen que el manejo sostenible de los recursos acuáticos de agua dulce requiere un enfoque ecosistémico en la ordenación pesquera, ampliar los esfuerzos gubernamentales para incentivar a los pescadores a ser partícipes de la gestión de los ecosistemas e invertir en monitoreo y vigilancia con las comunidades locales.

    “Es urgente la creación de una estrategia a nivel nacional que integre y articule las diferentes medidas, instrumentos y órganos de manejo para la conservación de la cuenca y sus recursos acuáticos”.

    Pterygoplichthys undecimalis es uno de los peces que solo habitan en las carmelitas aguas del río Magdalena. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt).


    Según los expertos, esta política debe tener un enfoque ecosistémico a escala de cuenca, con un carácter incluyente y objetivos de conservación a escala regional y a largo plazo. “Esto les permitirá a todos los actores trabajar de forma conjunta y articulada partiendo de la conservación de las especies de peces y su biodiversidad”.

    También proponen la conservación de procesos ecológicos como las migraciones, captura de carbono, transporte de sedimentos, dispersión de semillas de los bosques riparios y el pulso de inundación.

    “La creación o declaración de corredores fluviales podría proteger varios ecosistemas claves y procesos ecológicos como la migración de peces, ya que la mayoría son comerciales y requieren de la gestión y manejo de estos corredores fluviales que utilizan durante todo su ciclo de vida”.

    Por último, los investigadores advierten que recuperar y preservar la salud de los ecosistemas naturales y la conectividad entre ellos, no será una tarea fácil ni traerá soluciones de corto plazo. “Pero en algún momento debemos comenzar. ¿Por qué no hacerlo ahora?”.

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    Conservación y gestión social de ecosistemas: estrategias, experiencias y estudios de casos en Ecuador y Perú.

    Convida agosto 31

    El Sur de Ecuador y Norte de Perú sostienen un conjunto de ecosistemas que incluyen manglares, bosques secos, bosques húmedos del pacífico, bosques de montaña, páramos y bosques de piedemonte amazónico, conformando quizá uno de los últimos complejos ecosistémicos íntegros e interconectados entre el Pacífico y la Amazonia. Hace 20 años, Naturaleza y Cultura Internacional (NCI) inició –junto a gobiernos locales, universidades, comunidades indígenas y campesinas– un proceso de gestión conjunta de estos ecosistemas, desarrollando estrategias complementarias de conservación que han venido consolidándose en el tiempo y constituyen referentes a considerar en la gestión territorial para Colombia.

    En esta conferencia se compartirán algunas de las experiencias desarrolladas por NCI en conjunto con múltiples actores, en territorios ecológica y socialmente frágiles. Se abordarán dos casos particulares aplicados en el sur de Ecuador: 1. Mecanismos financieros para el manejo municipal de microcuencas, 2. Gestión comunitaria de bosques secos y amazónicos.

    Miércoles 31 de agosto.
    Sede del Venado de Oro.
    10:00 A.M. 
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